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Indulto al calvo

16.07.2009 (Fernando Caride | dir. Creativo Portavoz)

Durante toda su existencia, la publicidad nos ha llenado de iconos que han pasado a formar parte del asfalto, traspasando todo tipo de pantallas. Así el ilustre Manolo Cuadrado nos enamoró a todos cuando magistralmente unió El Almendro con la vuelta a casa por Navidad, consiguiendo que se nos escaparan algunas lagrimillas con cada una de las historias en las que estudiantes, emigrantes, quintos y, en definita, hijos e hijas, regresaban a casa donde esa madre elegante y compuesta casi intuía su llegada cual medium. Así el verano llegaba cuando lo decía de El Corte Inglés y la Navidad, con El Almendro.

Pero, sin duda, el icono más universal de la publicidad española ha sido y es El Toro, su importancia y relevancia llegó a tal extremo que incluso fue indultado por el Congreso de los Diputados cuando, a finales del siglo pasado, se aprobó una ley por la que desaparecían todas las vallas de las carreteras nacionales. El toro fue despojado de su nombre comercial, pero mantuvo su figura erguida sobre los campos de España convirtiéndose incluso en marca nacional. Estoy seguro de que, hoy en día, la mayoría de los turistas que visitan nuestro país y se tropiezan con la silueta negra más famosa de España, piensa que pertenece a la identidad corporativa nacional, claro que de ello también se ha encargado la propia marca.

Desde estas líneas quiero pedir, hoy, otro indulto para el icono que sustituyó a los turrones como símbolo publicitario de la Navidad. Me refiero a ese ser mágico que nos soplaba su magia como si de polvo de hadas se tratase, ese que hacía volar a Campanilla, a Wendy y a sus hermanos. El entrañable calvo, enorme ser vestido de negro, cuya sola presencia hacía sonreir a los niños y conseguía que todos a su alrededor respiraran bondad y felicidad. Un duende de la Navidad distinto a todos los que habíamos conocido hasta ahora, pero tremendamente comunicativo y capaz de contagiar su magia y su bondad.

El calvo de la Lotería de Navidad nos abandona o, mejor dicho, le abandonamos nosotros a él. Seguramente Ricardo Pérez desarrollará una magnífica campaña para El Sorteo, con mayúsculas, de todos los españolitos, pero símbolos como el creado desde Publicis, la agencia que dio forma y contenido a este maravilloso ser, no deberían de desaparecer de nuestras vidas y, seguramente, no lo harán, al menos tan rápidamente como algunos querrían.

En todas sus campañas, desde 2001, el calvo nos ha venido enamorando a los publicitarios españoles que, poco a poco, veíamos en él un nuevo estandarte de la excelente creatividad de este país y que, de la noche a la mañana, o mejor dicho, de un gobierno a otro, iba a desaparecer.

Si analizamos sus diferentes campañas podemos descubrir que nuestro amigo se movía como un duende entre la gente y que sólo algunos, normalmente los niños y determinados personajes con buena voluntad, podían verlo e incluso mantener con él un cierto diálogo de complicidad. Es curioso, porque apartir de ahora nadie lo podrá ver, ni los buenos ni los malos, ni los niños ni los ancianos, ¿nos habremos vuelto todos malos?

Pido un indulto para todos aquellos iconos publicitarios que labran la fortaleza de sus marcas con el paso del tiempo y, en concreto, pido un indulto para el calvo, porque además, llenaba la Navidad de magia, de paz y de ilusión, que falta nos hace.

Fernando Caride Vázquez
Director creativo de Portavoz.

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